Vivimos en un mundo en el que todo son prisas. Corremos para no llegar tarde, corremos para irnos antes de un lugar e incluso paseamos a marcha ligera. No nos damos cuenta de lo bueno que es tomarse las cosas con calma. De lo bonito que resulta no ir por la calle pensando en la hora que es y en cambio, ir mirando las formas que van adoptando las nubes, o cómo se mecen las hojas de los árboles con la brisa. Somos rápidos hasta para ser lentos. Se dice que es causa del estrés, y yo no niego esa posibilidad.
Pero creo, sólo creo, que deberíamos aprender a ser lentos y a sentir cada cosa, momento, mirada, suspiro. Besa lentamente, respira lentamente, pasea lentamente, disfruta lentamente...
¡Porque es rápido hasta el cosquilleo que nos entra cuando queremos a alguien o estamos nerviosos! Seamos pacientes y sintamos las cosas, y hagamos así que dicho cosquilleo sea más lento y por lo tanto, más agradable.
Joder, aprendamos a respirar.
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